Helena González Vaquerizo

Nikos Kazantzakis o cómo el “Segundo Odiseo” partió de Creta

Περίληψη

Desde los tiempos de Homero y hasta nuestra época, muchos se han identificado con la figura mítica de Odiseo, héroe dotado de una de las más atrayentes personalidades literarias de todos los tiempos: Odiseo es astuto, un viajero incansable, es amante de la patria lo mismo que del conocimiento y las aventuras, extremadamente perspicaz y seductor. Quienes han visto a Odiseo como encarnación de sus aspiraciones individuales, no han sido siempre, ni necesariamente, los griegos. No obstante, tanto la imagen que estos han proyectado al exterior, como la percepción que de sí mismos han tenido, deben mucho a los viajes y la fama de su más ilustre antepasado. Nikos Kazantzakis (1883-1957), autor que encontró en su isla natal, Creta, su más poderoso referente identitario, que se reconoció a sí mismo ante todo como cretense, esto es, como puente cultural entre Oriente y Occidente, entre el pasado y el presente, entendió, sin embargo, que el muy sufrido Odiseo era, a pesar de itacense, el personaje que mejor podía representar a su alter ego literario. Como tal le dedicó su monumental Odisea (1938), una obra que quiso ser la epopeya del hombre del siglo XX y abarcar en sus 33.333 versos y en las peripecias de su héroe protagonista las experiencias de toda la humanidad. En esta comunicación proponemos analizar las motivaciones, los modos y las repercusiones de la identificación de Kazantzakis con el “Segundo Odiseo” y, de ahí, el devenir de este en héroe supranacional. El estudio se centrará en la segunda Odisea, en la que Kazantzakis se erige, además, en un “Segundo Homero”, pero tendrá en cuenta las numerosas apariciones del héroe en la abundante producción literaria del cretense. En la construcción de esta identidad literaria genuinamente griega, al tiempo que universal (porque lo genuinamente griego, quizá sea lo susceptible de universalidad), encontraremos la recurrencia constante a la patria chica del autor, esa isla de Creta a la que el nuevo Odiseo aparece estrechamente vinculado, y que nos ofrecerá la oportunidad de delimitar un poco más las fronteras entre griegos (del pasado y del presente) y bárbaros (minoicos o turcos). Nikos Kazantzakis pasó la mayor parte de su vida autoexiliado de Creta y de Grecia, pero fue de su recuerdo del que tomó fuerzas, una y otra vez, para continuar su viaje. Odiseo, personaje mítico y literario, y por literario, más real, más inmediato, se convirtió en su referente identitario, en su imagen personal, en héroe nacional y universal de todos los tiempos, en capitán. Ítaca no existe, no hay más que el mar y una barca minúscula. Y a bordo de ella el espíritu como capitán.

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