Alejandro García Aragón

El Partenón: símbolo desmembrado de la identidad europea

Περίληψη

No pretendemos aquí realizar un itinerario exhaustivo de su historia y de los usos, agresiones y conquistas que presenció y sufrió, ni presentar un estudio arquitectónico minucioso del templo. Tan sólo queremos recordar y subrayar la controvertida identidad del Partenón, pero esta vez desde su cualidad como símbolo desmembrado que muchas veces se da por sentado, especialmente en el contexto de su identidad como bandera de la democracia, urbanización, religión y pensamiento intrínsicamente europeos. Siguiendo la noción de Faulkner de «polen de ideas», el Partenón, si bien inconscientemente, sería una de las flores que fertilizan el mundo de las ideas que han polinizado los intelectos europeos. El templo de Atenea es universalmente reconocido no solo como un monumento único en la historia de la arquitectura sino también, en palabras de Eleni Papazoi, Ministra griega de Cultura en 2000, como «el compendio perfecto de la contribución del espíritu griego al patrimonio cultural de la humanidad entera». Esta última afirmación es un arma de doble filo: la admiración global de dicho patrimonio exacerba el orgullo griego al respecto, pero esto hace a su vez que sea menos su propio legado (Lowenthal, 1998: 244-245) y que sea un legado compartido. Hablamos de un monumento-símbolo tan griego como europeo y universal, un conflicto de patrimonio mundial y nacional, de griegos antiguos y modernos; de nacionalismo cultural (de lo que los británicos acusan a Grecia) frente al internacionalismo cultural, según el cual el patrimonio universal pertenece a todos, por lo que deben permanecer en museos «universales», como el Británico de Londres. Partimos de la hipótesis de esta controversia: si cada piedra adquirida y no devuelta a Atenas simboliza la propia identificación con Europa y con el espíritu griego del país en cuestión, si ese país reconoce esas piezas como suyas propias sin ignorar sus orígenes, ¿quizás no representen trofeos de guerra o robo? ¿Quizás no sean piezas exiliadas o expatriadas, ni una afrenta cultural a la Grecia moderna? Así mismo, el acto de reunión (y quizás no de repatriación) de las esculturas del Partenón podría simbolizar una Europa reconciliada bajo un monumento despedazado y destruido por la propia historia europea y, por fin, reconstruido. Una Europa que deja atrás su pasado imperialista en el que sus museos se consideraban símbolos de prestigio nacional(-ista), y en los que se exhibían los botines de otros países, principalmente los colonizados o conquistados. Nos centramos también en debatir los orígenes y la vigencia de su desmembramiento, en concreto a manos del séptimo conde de Elgin, comisionado de Constantinopla (1789-1803), y en la controversia que provocó en la sociedad hasta el día de hoy, especialmente en el poeta Lord Byron. Proponemos también las impresiones de este poeta ante tal acontecimiento y la traducción de fragmentos relevantes de su poema satírico La maldición de Minerva (1828). Asimismo, proponemos la siguiente cronología general y ecléctica para abordar las diferentes identidades del templo a lo largo de la historia: 447 a. C.-1204: Origen y evolución del símbolo. 1204-1687: Identidades posteriores. 1687: Onda expansiva y desmembramiento. 1687-1833: Nuevas identidades. Europa se identifica. 1834-presente: Etapa arqueológica y simbolismo actual. 2012: Posible devolución durante los Juegos Olímpicos de Londres.

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